sábado, 24 de septiembre de 2011

Luz de Luna artificial

Prender la luz es un acto que aprendí desde la infancia, e implica únicamente mover una pequeña palanca empotrada en la pared, para que la electricidad pueda correr por los minúsculos alambres que hay dentro de una bombilla. Aún cuando durante milenios la humanidad estableció su ciclo vital con relación a la luz del sol, a mí me tocó nacer en una época en que se puede vivir también de noche. Así que no hay razón alguna para dormir cuando hay oscuridad: una bombilla encendida gracias a un movimiento de mi dedo índice me permite continuar vi-viendo en la penumbra.

Cuando llegué al cuarto desde donde escribo estas líneas, el techo estaba coronado por un simple foco eléctrico de 100 wats. La luz que irradiaba era brillante y potente como la del Sol porque, al igual que éste, producía su brillo mediante calor. Entonces no era luz, sino calor, energía pues, lo que en las noches me permitía ver la pijama que me pondría para dormir y abrir las cobijas.

Poco a poco me percaté de que ese foco presenció el proceso de construcción de este cuarto, porque tenía algunas manchas de cemento y pintura azul. Seguramente los albañiles que trabajaron aquí se iluminaban con esa misma luz cuando el Sol verdadero se ocultaba por completo. Pero los focos no son eternos, no señor. Un buen día los minúsculos alambres que estaban dentro de la bombilla no soportaron más el paso de energía, y se rompieron justo en el momento en que moví la pequeña palanca empotrada en la pared.

Me quedé en la penumbra una noche, y sin poder leer.

Pero al día siguiente, para no tener que desvanecerme en el sueño en cuanto la oscuridad cayera, cambié aquél foco testigo del nacimiento de mi cuarto por uno incadescente. El mecanismo de este nuevo aparato no es dar luz mediante el calor, sino que irradia una luz fría y plateada, como la de la Luna. El ambiente es muy distinto con el frío de una lámpara incandescente, porque hay un tono grisáceo en todo lo que me rodea y mi ojos perciben las sombras mucho más débiles. Pareciera que esa luz abarca todo mi cuarto, como si no fuera de arriba hacia abajo y más bien se desplazara en todas direcciones. Muy distinta es la luz de calor del foco eléctrico, que es fuerte y vertical, y produce una sombra muy marcada.

El frío de mi foco incandescente me acompaña esta noche en que acaba de entrar el otoño y mis cobijas comienzan a tornarse insuficientes para que mi cuerpo logre calentarse. Y así recibiré luego el invierno, con un frío que inicia desde el foco incandescente que me ilumina como si fuera una pequeña Luna en el techo de mi cuarto.

3 comentarios:

Jönh A.C. dijo...

Si aquél foco incandescente vio tantos cambios, imagínate tu nuevo foco de luz de luna, que, dicen, dura mucho más... El otro te vió convertirte en licenciada, ¿qué le tocará a este? ¿Maestría, doctorado? ¿Te lo llevarás a una casa, cuando vivas sola? ¿Será destruído por el corcho de una botella de champaña cuando celebres un compromiso matrimonial? ¿O lo hará la pelota de plástico de tus hijos, que no quisieron salir al jardín? ¿O tu sirvienta androide lo destruirá para ocupar alguna parte de su mecanismo en su propio cuerpo robotizado? (ahhh esto último fue por un capítulo de los simpson, no recuerdo cuál).

Saludos, y ya quiero que tu luz de luna vea su primera borrachera!!

OZ dijo...

Miss, vaya Ud. a su foquería de confianza y adquiera una lámpara incandescente de "luz cálida" (pídala así y deje que el personal del mostrador haga la magia). Vuelva Ud. a su habitación, instale el artefacto recién llegado y dé un vuelco completo al ambiente. Siéntase apapachada por esa nueva energía color del Sol que le permitirá leer hasta que sus ojos sangren o se rindan al cansancio. No necesita Ud. tirar la lámpara de "luz fría", que tan leal le ha sido. Búsquele un buen sitio, donde pueda cumplir con sus vitales funciones de Luna artificial sin molestar a nadie.

Misael Chavoya dijo...

Me gustó tu textito, y no volveré a encender las luces sin pensar en el Sol y la Luna.

Aunque también pienso que la oscuridad de la habitación propia es siempre cálida.