viernes, 7 de agosto de 2009

Mujer que sabe latín, no tiene marido ni llega a buen fin.

A manera de minihomenaje, visité el día de hoy la imponente librería Rosario Castellanos. Desde que me acerqué a los textos de ella, tan extraordinaria mujer, me fascinó. La sensibilidad y la inteligencia fueron dos componentes característicos de sus escritos, que igual surgieron en forma de poesía, novela, ensayo y hasta teatro. Aunque se ha considerado que las obras  más importantes son las novelas Balún Canán y Oficio de tinieblas y los cuentos reunidos en Ciudad Real, sus otros textos son igualmente exquisitos.

Personalmente me gusta mucho su ensayo Mujer que sabe latín, en el que expresa sus ideas sobre la situación de la mujer, y hace un análisis literario de varias escritoras contemporáneas. Precisamente hoy fui a esta libreria (que, deben saber, es la más grande de latinoamérica, según cuentan por ahí…) buscando este libro, que un día “presté” y no me devolvieron. Lo que pasa es que tengo una especie de debilidad ante estas cosas, y hasta me entusiasma harto que alguien me pida prestado un libro, aunque sé que no volverá a mis manos.

Desafortunadamente no lo han reeditado, pero compré una preciosa edición de Balún Canán y Oficio de tinieblas. No podía dejar de conmemorar de alguna forma el aniversario luctuoso de una mujer que, sin saberlo, ha cambiado mi vida.

Lo malo de hoy: me olvidé de voltear hacia el techo de la librería. Eso es imperdonable.

Por último transcribo un fragmento que me encanta de Mujer que sabe latín. No conseguí el libro, pero está en google libros wiiiiii. Si quieren ver más, píquen aquí.

“… la mujer a lo largo de los siglos, ha sido elevada al altar de las deidades y ha aspirado el incienso de los devotos. Cuando no se la encierra en el gineceo, en el harén para compartir con sus semejantes el yugo de la esclavitud; cuando no se la confina en el patio de las impuras; cuando no se la marca con el sello de las prostitutas; cuando no se la doblega con el fardo de la servidumbre; cuando no se la expulsa de la congregación religiosa, del ágora política, del aula universitaria.

Esta ambivalencia de las actitudes masculinas no es más que superficial y aparente. Si la examinamos bien, hallaremos una indivisible y constante unidad de propósitos, que se manifiesta enmascarada de tan múltiples maneras.

Supongamos, por ejemplo, que se exalta a la mujer por su belleza. No olvidemos entonces, que la belleza es un ideal que compone y que impone el hombre y que, por extraña coincidencia, corresponde a una serie de requisitos que, al satisfacerse, convierten a la mujer que los encarna en una inválida, si es que no queremos exagerar declarando, de un  modo mucho más aproximado a la verdad, que en una cosa.

Son feos, se declara, los pies grandes y vigorosos. Pero sirven para caminar, para mantenerse en posición erecta. En un hombre los pies grandes y vigorosos son más que admisibles: son obligatorios. Pero ¿en una mujer? Hasta nuestros más cursis trovadores locales se rinden ante el “pie chiquitito como un alfiletero.” Con ese pie (que para que no adquiera su volumen normal se vendaba en la China de los mandarines y no se sometía a ningún tipo de ejercicio en el resto del mundo civilizado) no se va a ninguna parte, que es de lo que se trataba, evidentemente.

La mujer bella se extiende en un sofá, exhibiendo uno de los atributos de su belleza, los pequeños pies, a la admiración masculina, exponiéndolos a su deseo. Están calzados por un zapato que algún fulminante dictador de la moda ha decretado como una expresión de la elegancia y que posee todas las características con las que se define a un instrumento de tortura. En su parte más ancha aprieta hasta la estrangulación; en su extremo delantero termina en una punta inverosímil a la que los dedos tienen que someterse; el talón se prolonga merced a un agudo estilete que no proporciona la base de sustentación suficiente para el cuerpo, que hace precario el equilibrio, fácil la caída, imposible la caminata…”

Yo siempre he pensado que ese es precisamente el objetivo de ese tipo de calzado. Las mujeres se vuelven simbólicamente dependientes, se ven débiles y torpes… Además, el movimiento de caderas y nalgas, necesario para mantener el equilibrio, fomenta la visión de la mujer-objeto. Cómo sea, puede tener muchos significados.

Por mi parte, prefiero los tenis, poque como aún soy joven, no me veo ridícula. Seguro algún día usaré tacones de tortura, pero por el momento me quedo con estas ideas. Si se piensan bien, tienen mucha razón no?

8 comentarios:

MauVenom dijo...

Curiosamente y por urgar en los libreros de mi abuelo "Mujer que sabe latín" fue el primer libro de Castellanos que leí

y lo tengo que decir... la odié

pero como soy necio tiempo después tomé "Los cuentos de San Crístobal"... y la amé

y luego "Balun Canan" y la amé más

y luego "El eterno femenino" y la amé mas y mas y mas... y así

entonces fue cuando entendí "Mujer que sabe latín".

Anónimo dijo...

Bastante razón tienes compañera!!! Me encanta que hables de Rosario y que cites esta maravillosa obra, que también me atrapa... A estas cosas deberíamos dedicarnos más y más mujeres, y las que algo sabemos, con más ahinco: a buscar y rebuscar los significados de la mujer, a destrozarlos, a desmentir ideas, a resignificar el género. Poco a poco descubrimos cosas nuevas, y lo mejor es que poco a poco quitamos cosas viejas... o eso quisiera creer.


Simplemente seguimos en la lucha!


... Hilda Monraz.


p.d. Espero NUNCA tener que usar tacones jeje... porque yo sigo con tenis desde siempre. Y no creo que nos veamos ridículas en algunos añitos, creo que siempre habrán soluciones cómodas y "bonitas" pero para nuestro punto de vista, sin importar los demás...

Pelusa dijo...

No la conocia... buscare.
Yo no soy feminista... de hecho odio a las feministas y a los machistas y a cualquiera que escoja posiciones extremas, pero tampoco uso zapatos de tacon, solo en situaciones ineludibles... Me identifique con el fragmento. Gracias por el dato.
Un abrazo!

Karlyle dijo...

MauVenom: Tienes razón, probablemente para acercarse a la lectura de Mujer que sabe latín, se requiere de un mínimo de conocimiento de quién fue Rosario Castellanos. Su mirada indigenista, creo, está determinada también por las injusticias que ella, como mujer, sufrió en la sociedad, aunque fuese blanca. También la muerte de su hermano, el primogénito, para quien estaban destinadas las tierras de sus padres, la llevó a declarar que seguramente habrían preferido que fuera ella quien muriera, por el simple hecho de ser mujer.
Y bueno, finalmente terminó regalando esas tierras a los indígenas. De haber sido hombre, seguramente no lo habría hecho... no lo sé.

Lila: Muchas gracias por el comentario. Qué bueno que te gustó. De hecho, sabía que te gustaría jeje!
Sobre lo de los tenis, me he quedado pensando en el asunto, y pues tienes razón, la edad no hace que una mujer se vea ridícula por el tipo de calzado que traiga. Yo me pongo lo que me haga sentir cómoda, y que también me guste, porque he aprendido (con mucho esfuerzo) a disfrutar mi feminidad.
Pensé en modificar esa última parte, pero decidí dejarlo así, porque fue lo que se me ocurrió en el momento.
Te mando muchos saludos.

Karlyle dijo...

Pelusa: Lo que te podría decir es que el feminismo no es una posición extrema. La cuestión es que se ha creado una idea de que las feministas odiamos a los hombres, o queremos superponernos a ellos entablando conflictos, y eso está muy lejos de la verdad.
Las feministas más bien, en términos generales, nos colocamos en contra de cualquier tipo de desigualdad o, mejor dicho, de "inequidad" (o sea que reconocemos que existen diferencias, pero eso no significa que deba haber poderosos y subordinados).
Sin embargo, hay toda una gama de posturas dentro del feminismo. Eso depende de la condición socioeconómica, de las ideas políticas, filosóficas, culturales, etc. Es decir, sería ingenuo pensar que todas las mujeres queremos lo mismo. Si bien sí hay posturas que podrían parecer "intransigentes," hay otras que son más "light." Pero en general, reconocemos que ha habido, y hay, ideas y prácticas que afectan a todas las mujeres.
Bueno, es un tema largo, y muy rico, pero espero que lo anterior sirva para re-pensar el significado de la palabra "feminismo."
Un abrazo!

Anónimo dijo...

Que bueno que aclares que las feministas no salimos a destazar machos jajaja... (aunque en algún tiempo y espacio fuere necesario), me siento identificada porque somos muy atacadas en ése sentido; que si somos machorras, que si nos creemos mejor que los hombres y es totalmente falso. Qué bien dices "no somos extremistas",


Y... seguiríamos hablando de eso... pero acertadamente mencionas que es un tema muy largo, así que mejor le recomiendas algún buen libro a la chava para que no nos juzgue.

Yo pasé otra vez por aquí porque te quiero recomendar un blog del que también me llegan textos y hay algunos que me gustan: http://clionautica.blogspot.com/2009/08/rosario-castellanos-35-anos-de-su.html

espero te guste, por lo menos tiene algunas cosas interesantes.

Saludos!!

¿CUÁNDO VIENES?
:P


......Lila

4narqu1sta 2uper3strella dijo...

¿Sabes? Poco sé de Rosario Castellanos. Dicen que su literatura es muy buena...

¿Qué te puedo decir? Me gustó el fragmento que pusiste. Yo trabajo en un lugar donde hay puras mujeres. Y para mí, son muy eficacez e inteligentes, incluso más que yo...

Bueno, más que yo, nadie, ni hombres ni mujeres...

Juar! (Es broma, yaaaaaa :P)

Un abrazote!!!

Cheers...

Alex Nedvaq dijo...

Siempre había escuchado o leído el inicio de esa frase, es decir: "Mujer que sabe latín...", pero como no tenía nada más, no había podido conocer su significado y alcance. Y fue hasta ahora, mientras preparo un taller sobre equidad de género, que me reencontré con la frase, sentí curiosidad y la puse en el buscador, mismo que me trajo a este blog.
Quedé fascinada con lo que leí y ahora deseo conocer la obra de Rosario Castellanos.
No puedo evitar que me duela lo que se sufre siendo mujer, por el hecho de serlo, pero espero que mis acciones contribuyan a debilitar esa maldita tendencia de misoginia (y estoy de acuerdo: ser feminista no es odiar a nadie, sino responder activamente ante los atropellos que se nos cometen a las mujeres).