martes, 28 de junio de 2011

Soy perfecta


Antes de que naciera, modificaron mi ADN. Sabían que podía sufrir severos transtornos hormonales cada mes debido a la menstruación y, afortunadamente, eliminaron la cadena de moléculas encargadas de secretar el exceso de estrógenos que me provocaría dolor en los senos, ganas de comer y melancolía. Pero los genetistas fueron más allá, y además modificaron algunas otras cositas.

Para empezar, decodificaron la carga magnética que enviaba un impulso eléctrico a la parte frontal de mi cerebro, que podría provocarme eso que llaman “tristeza”. Así, me hicieron completamente inmune a los estímulos negativos del exterior, como el bullyng, los insultos y las injusticias sociales. Además, movieron de lugar mi glándula tiroidea, y lograron que estuviera lejos del corazón y más cerca del cerebro. Así, con un leve impulso mental prooveniente de mi cerebelo, puedo controlar mi crecimiento, talla y peso, para tener una complexión física siempre armónica y perfecta.

Los especialistas lograron, además, que mi secreción de dopamina, serotonina y endorfina fuese mucho mayor que la de los simples mortales biológicos. Así, previnieron la posibilidad de que cayera en depresión, además de que aseguraban siempre mi buen ánimo y optimismo. Lo mejor de esta modificación es que lograron que viviera en una felicidad lineal, constante y sonante. Me hicieron proactiva, inteligente, optimista, armónica, proporcionada y, en resumen, feliz.

Por eso yo no conozco lo que denominan “tristeza”. Para mí esa es una palabra hueca y sin significado alguno. Yo no concibo cómo alguien puede pensar que algo no anda bien, o que la vida no tiene sentido. El sentido de vivir estriba en disfrutar la perfección, la estabilidad, la risa, los chistes y la belleza. No concibo cómo alguien puede permanecer impávido ante los rostros amorfos de una pintura de Goya, o sorprendidos ante historias ajenas sucedidas en un inmanente lugar como “Aschwitz”.

Yo no sé a lo que se refierren cuando hablan de indignación ante las violacionesalosderechoshumanos o ante las catástrofesdelmedioambiente. Las focas bebé, por favoooor, hacen excelentes abrigos, y el hielo del Ártico es lejano e intrascendente. No comprendo por qué se preocupan por el hambre de un niño lleno de moscas si sus ojos no denotan más que moribundez. No disfruto con eso que llaman “sufrimiento ajeno”, pero tampoco me importa. Así como no me importa eso que llaman “amor”, porque, sépanlo bien, cuando los científicos modificaron mi ADN concluyeron que el amor es un sentimiento incompatible con la felicidad. Por eso no puedo sentir, y en mi capacidad de no sentir radica mi perfección.


2 comentarios:

Jönh A.C. dijo...

Si en la incapacidad de sentir pena, tristeza, empatía e indignación yace la perfección, entonces, como dirían los ñoñetes de Coldplay, "we live in perfect world", o algo así. Y ni hablar de nuestro preciso.

Estuvo curiosón este post, Karlyle! No se pq todo el tiempo pensé en la peli de Gattaca.

Saludos!

Anónimo dijo...

¿Quién eres tu? ¿Dónde dejaste a mi amiga?
Atte: HMonraz.