lunes, 10 de mayo de 2010

El Puente Maldito

En el camino a mi casa hay un puente maldito. Es uno de los múltiples recovecos citadinos en que ha florecido la inseguridad. De noche pasar por ahí me producía un temor inexplicable de paranoia y vértigo al ver sus oscuras escaleras solitarias. Es que ahí me asaltaron hace varios años a plena luz del día. Yo iba a visitar a una amiga que vive muy cerca, y me amenazó un tipo flacucho, al que fácilmente pude haber tirado de la escalera con un patadón samurai. Pero no lo hice, porque yo era adolescente y me sentía muy vulnerable. El tipo aquél me dijo muchas groserías, mientras me amenazaba con que tenía un cuchillo en la mochila y me iba a “picar”. Le di mi cartera temblando, y me dijo “no te pongas nerviosa” con voz rasposa, lo que más bien me hizo sentir coraje y también un poco de inexplicable confianza que me hizo pedirle mi credencial de la prepa.

En otra ocasión, hace poco tiempo, iba subiendo las escaleras del mismo puente para ir a la escuela, cuando un tipo que venía frente a mí bajándolas se me quedó viendo y me dio una nalgada. Fue un momento horrible, en que sentí que mi bilis se derramaba de coraje y me hervía la cabeza. Lo peor fue que al voltear a ver a ese despreciable ser humano, éste me miró con una sonrisa burlona de negra y asquerosa dentadura. Esa burla significaba que estaba orgulloso de lo que había hecho, y de que se sabía inmune ante mi, porque aunque ese execrable tipo no estaba muy dotado de estatura ni masa muscular, sabía que yo no me atrevería a querer vengarme rompiéndole la cara sino que más bien querría huir. Tristemente, el escenario inhóspito de un puente peatonal me dejaba sola ante un degenerado, que intentaría saciar su insatisfacción y desdicha con una agresión efímera que lo hiciera sentir el poder que la sociedad le niega todo el tiempo. Lo único que pude hacer fue gritarle alguna groseria que finalmente le hizo ver que me sentí ultrajada y que, por lo tanto, había logrado su cometido.

Como ese puente se convirtió en el escenario de actos como ese, hace poco pusieron policías que permanecían ahí día y noche. Pero el “operativo” duró muy poco, y ahora sigue sin vigilancia alguna. Por eso muchas personas prefieren atravesar el Periférico corriendo, lo que resulta más peligroso, pero menos inseguro, porque el control de sus vidas está en su propia agilidad y pericia, y no en la voluntad chaca de un asaltante desquiciado.

Hasta hace unas semanas, solía evitar a toda costa atravesar sola ese puente en las noches, pero por necesidad lo he tenido que hacer últimamente, lo que ha sido bueno porque el miedo se ha ido esfumando paulatinamente. Supongo que el hecho de obligarme a hacer algo que me atemorizaba me hizo ver que no estaba tan mal como lo visualizaba. Incluso hace poco iba yo sola caminando por ahí en la noche, con los audífonos puestos escuchando a Ray Charles, y no pude evitar sonreír y sentirme muy segura en la oscuridad. Y el hecho de que me sintiera segura justo ahí mientras caminaba con ritmo y estilo, me dio una sensación de autocontrol muy placentera por haberme desafiado a mi misma a través de un puente cuya peligrosidad me rebasa.

Sé que es una forma estúpida de sentirse bien, porque implica cierto “riesgo” (digo, tampoco voy a caer en actitudes suicidas en esta ciudad de locos). Pero también implica que puedo andar sola en las calles sin paranoia y con cierta libertad. La ciudad, después de todo, no es tan mala como la pintan.

6 comentarios:

jOell dijo...

Hace tiempo, vi un reportaje, donde mencionan que los delincuentes escogen a sus victimas, en base a su actitud, si ven a un chav@ con personalidad timida, con el cuerpo encogido, distraido, cabeza y mirada baja, inseguro, es casi seguro que lo asalten o le hagan algo.
En cambio si ven a un chav@ con energia, postura adecuada, brazos abiertos, un caminar rapido y fuerte, con la cabeza y mirada de frente. El delincuente se sentira menos y no hara nada.
Es ese, autocontrol que mencionas, mmm.. yo lo hago y dejame decirte que la ultima vez que me intentaron asaltar fue hace 10 años.

Lo recomendable es siempre estar atento, cuidarse y no arriesgarse mucho.

Felicidades Escribes bien Bonito

Karla dijo...

Gracias por pasar por acá y comentar jOell!!
Esa teoría del lenguaje corporal me parece bien interesante, porque me imagino que tiene que ver con cuestiones de instintos que probablemente tengan que ver con supervivencia o liderazgos en los clanes primitivos o algo así...
Seguro se podría intercambiar la defensa personal, por clses de seguridad y lenguaje corporal... jojo... Un nuevo negocio...

Saludos!!!

jOell dijo...

Jajaja...es buena idea ese negocio ehh...jaja...ya sabes que en Mexico querido todo se puede...

Saludos.

Anónimo dijo...

Saludos tocaya:

Creo saber cuál es el puente del que hablas, e imagino lo aterrador que será a altas horas de la noche; por lo pronto me haz explicado el por qué veía a gente toreando autos las veces que te visité.
Perfecto, frente en alto, oídos aguzados, cabeza feliz con música feliz, y, por qué no, una dosis de suerte:)
Carlos

OSZ dijo...

Vientos por escapar a la tentación de encerrarte en una burbuja. Tenemos que empezar a recuperar nuestros espacios, o por lo menos no retroceder más dejándolos al arbitrio de sub-humanos como los que retratas. La actitud es un muy buen comienzo... y para ello, quizá, nadie mejor que Ray!!
(Sí es cierto: escribes bien bonito)

listita dijo...

Estar segura de sí misma en la calle siempre es bueno, paso firme, (tacon punta, tacon punta jaja)derecha, serena sin perder la habilidad que nos da la vista de 180 grados, nos da fuerza y seguridad, el enemigo sabe que no somos cualquier chica; sin embargo cierto grado de temor es bueno para tomar medidas de precaución. Cuidate mucho amigui