lunes, 15 de marzo de 2010

Del desencanto

Hay mucha desdicha, eso lo sé desde hace mucho tiempo, pero a veces se me olvida.

Sé que, a menos que un ser humano padezca un desorden mental, la empatía hacia el sufrimiento ajeno es una condición de nuestra especie, pero en este mundo sin paradigmas es difícil dicernir entre lo necesario y lo preocupante. El problema es el desencanto, que inunda el ánimo y lleva al desenfado, aunque en mi caso la intranquilidad más bien se trasladó hacia preocupaciones menos escandalosas.

Todo esto va por la apatía que suelo sentir hacia mi propia especie, hacia una humanidad que parece no tener remedio y estar hecha para la autodestrucción. No es taan severo el asunto, pero me duele ver que las cosas no tienen pies ni cabeza, o que el sentido está en la lógica de la rapacidad sin control. Y creo que hay muchas huellas de esta situación que están por todas partes, pero quizá, y sólo quizá, se expresan de manera más cruda en lo que no es humano.

Un día vi morir atropellado un perro. Yo andaba vacacionando en Pachuca, y le pasó un auto encima de la cabeza. Lo ví desangrando y no pude evitar ir y tocarlo, como si mi tacto y mis palabras pudieran aminorar su sufrimiento. Había ahí dos policías que se burlaban de mí, y fingían con risa que le hablaban a una ambulancia. Mientras mi ánimo se iba al subsuelo.

Hace poco no pude evitar ponerme a llorar al ver imágenes de los experimentos  que la industria cosmética hace con animales, y la última fue presenciar cómo una perrita sufría al ser acosada por un montón de perros. Ella estaba en celo, y en la calle a  cada rato era “montada”, lo que provocó que su vagina se saliera y no pudiera moverse con normailidad. Tuvieron que sacrificarla.

Como ésta tengo varias anécdotas muy desafortunadas, en las que lo sorprendente es la indiferencia de las personas. Eso más bien me hace preguntarme si la anormal soy yo, por pensar de más en esas cosas…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola:

Uff, qué entrada tan triste compañera :-( Cuántas veces no nos hemos topado con ese tipo de actitudes, y de quien supuestamente no deberían venir. Ánimo en la medida de lo posible tocaya; si me dicen Karla pienso en alegre.

Carlos

Tlasemanki dijo...

No es que "a veces" se nos olvide la desdicha, es que hemos aprendido a vivir con ella, ¿Y de que otra forma podría ser?, en un mundo que se privilegia el tener y no el ser. Lo importante es hacer fortunas, ya sea matando animales,o personas, da igual. ¿Cómo es posible que un pais con una "economia emergente", tenga al hombre más rico del mundo?, ¿por qué no está en Estados Unidos, o China, Japón, Suiza?

Tienes razón, esto no tiene pies ni cabeza.

Como siempre, un placer leerte. Saluditos.