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miércoles, 4 de agosto de 2010

Tatuajes e inmoralidad

Tomando como impulso la declaración que hizo la directora del Instituto de la Mujer Guanajuatense acerca de los tatuajes y las perforaciones, me decidí por fin a hacerme mi segundo tatuaje. Si bien ya tenía bastante tiempo pensando en “rayarme” de nuevo, la sorpresa que me causaron los prejuicios de una figura pública cuyo cargo, supuestamente, debería estar enfocado a fomentar la equidad de género, me encabronó, y me llevó a decidir de una vez no dejar pasar más tiempo para volver a usar mi cuerpo como lienzo.

Más allá del encabronamiento (que por supuesto me invadió apenas oí la declaración), reflexioné acerca del discurso de la funcionaria, y pensé que va de acuerdo con la supuesta democracia en que –dicen- vivimos, donde lo correcto es aceptar que existen diversas posturas y todas ellas deben tener cabida, porque lo que rifa es la tolerancia y noséquémás. Dentro de esta idea, tendríamos que respetar, aceptar y comprender que una figura pública exprese una opinión –la que sea- acerca de un fenómeno cualquiera, en este caso las modificaciones corporales. Pero el verdadero problema es que la opinión de esa señora fue discriminatoria per se, porque condena una práctica que está dentro de la libertad individual de las personas de hacer con su vida privada y con su cuerpo lo que les venga en gana. Además , por venir de una mujer con un cargo público, su voz suena más que la de cualquier mortal hijodevecino, por lo que tiene un fuerte impacto en la “opinión pública”.

Al parecer las voces de indignación fueron mayores que las de aceptación, porque finalmente suscribir una idea retrógrada a todas luces, es condenado en este mundo donde lo políticamente correcto es respetar. Por eso a la pobre nadie la defendió (ñaca-ñaca).

Aún así, no deja de inquietarme que algunas personas (tomando la declaración de esa señora como la manifestación de una idea que ronda el ambiente), especialmente de las zonas más “mochas” del país, continúen hablando de los fenómenos marginales o atípicos (y eso que los tatuajes en este siglo XXI ya son muy comunes) como una muestra más de la decadencia moral que llevará al mundo a la ruina. Esas ideas catastrofistas y paranoides, se basan en la noción de que las “buenas” costumbres permiten que haya un orden propicio para el desarrollo “sano” de las nuevas generaciones. De ahí que haya un componente religioso muy importante en estas ideas: se supone que Dios ordenó las cosas de una forma, y no somos nadie para andar modificando así como así nuestras conductas, y deberíamos más bien imitar a nuestros padres en su modelo de familia ideal. Se supone que así las cosas podrán marchar bien… dicen.

Pero lo más preocupante, pienso, es que esta mujer dirige una institución cuya finalidad es tratar de aminorar las desiguales condiciones entre los géneros. Con una postura llena de prejuicios hacia quienes portamos tatuajes -especialmente si somos mujeres-, las ideas que se pretenden combatir a partir del concepto de “género” se diluyen, se vuelven difusas. Y es entonces que comprendo de lo que hablaban las compañeras feministas “autónomas” en el Congreso Feminista del año pasado. Decían que en el momento en que el feminismo se vuelve “género” y se ejerce desde instituciones públicas y con dinero del erario, la libertad de luchar contra  las desigualdades se complica. Y algo tienen de razón, porque dentro de la política institucional hay que ceder, y ceder implica que posturas contrarias a los ideales feministas, pero cercanas a los poderosos, aparezcan como de avanzada, entrando al jueguito de la democracia en donde todo se vale.

Es innegable que esta señora piensa que le hace un favor a las mujeres y a la juventú, escandalizándose públicamente por que las personas se perforan sus genitales (!!!), o se pintas calaveras y zombies en los brazos. Seguramente al ver a una chica llena de tatuajes, ella se imagina que tiene altas posibilidades de tener sida, que consume drogas, que tiene sexo con muchos hombres, que es bisexual o lesbiana, que no le importa la maternidad, que es egoísta y que además se ve fea. Y ella es libre de pensar como le dé la gana, de seguir las recomendaciones del confesor o de ver telenovelas. Tiene también derecho de leer a Simone de Beauvoir, a Judith Butler, a Francesca Gargallo o a Martha Lamas, porque en este mundo de incertidumbres, de variedad de posturas y de diversidad, cada quien es libre de pensar lo que le dé la gana.

Por eso yo me tatúe un pajaro morado con rojo en el pie. Y mi tatuaje no significa nada, no tiene un contenido mísitico, ni le confiero un poder, porque los significados se agotan en este mundo en que todo cambia. Simplemente me gusta cómo se ve y me recuerda que puedo hacer con mi piel y mi cuerpo lo que yo quiera.

domingo, 14 de febrero de 2010

De la decena trágica.

“Es temporada de zopilotes”…Fue la última frase del libro.*

Estaba trepada en el pesero, y acabé de leer ese texto acerca de la “decena trágica” escrito por Paco Ignacio Taibo II, cuando me vino esa sensación pasajera de saberlo todo. Es sólo un pequeño instante en que puedo saborear las cosas que alguien más narró, que se encuentran estáticas en forma de letras esperando que alguien las reviva con la mirada. Y me siento privilegiada por haber sido cómplice de esos susurros visuales, que no pasan por mis oídos, sino por mis ojos.

Aunque esa sensación suele suceder siempre al final de un buen libro, esta vez pasó algo distinto. Algo un poco más especial.

Era 9 de Febrero, mismo día en que hace 97 años fue tomada la Ciudadela por los militares antimaderistas que se empeñarían en derrocar al primer presidente electo tras los años de porfirismo: Francisco I. Madero, aquél chaparrín chistosón, que creía en espíritus y fue tan ingenuo que no se dió cuenta de que sus subalternos andaban conspirando en su contra. Él ha sido el principal mártir de nuestro panteón nacionalista por demócrata, en estos años en que la democracia se nos presenta como la panacea de los sistemas políticos.

Aahh! Lo mataron.

Es que era un tipo peligroso, porque la legitimidad estaría en su favor mientras viviera. Si no se rajó con el aparato militar y político del Díaz, segurito hubiera planeado algo contra el Huerta, o quien fuera… Total, lo mataron. No lo mandaron a Cuba a tomar mojitos, como lo propuso el embajador cubano en México. Lo mataron. Y mataron a su hermano, por grillero también.

Pero al menos no lo sacaron de Palacio en pijama…

Como sea, fue un demócrata de hueso colorado, y por lo tanto un confiadote e ingenuote que creía que el “pueblo” existía por sí mismo. Que creía que el “pueblo” siempre sabría lo que era bueno para la “patria”, que creía en la libertad de expresión aunque los medios impresos fueran propiedad de sus enemigos, y que, en fin, también creía que los espíritus le hablaban.

Por eso se lo echaron, porque la revolución la hicieron con la fuerza, no con ideales bizarros.

Levanté la mirada después de leer que la viuda de Don Panchito Madero, Sara Pérez (o el sarape de Madero, como la apodaron en la época), vistió de luto hasta el último día de su vida, cuando vi que pasaba justo frente a la Delegación Venustiano Carranza. Moría de ganas de correr a abrazar la estatua del remedo de Coronel Sanders, para sentir que la venganza es dulce. Pero tenía que llegar al AGN, antes cárcel de Lecumberri, y entrar  por el mismito lugar en que encontraron el cadáver de Madero todo cubierto de piedras la mañana del 22 de Febrero de 1913…

decena2

*Paco Ignacio Taibo II, Temporada de zopilotes, México, Planeta, 2009.

viernes, 23 de octubre de 2009

Guanabi iztapalapechi

Salí de mi depa en la Roma para visitar a mi única amiga que vive en el oriente. Sentía una especie de aceleración cardiaca al bajarme del metro Iztapalapa, pero hacía ya varias semanas que recibía llamadas constantes de mi amiga para que fuera a visitarla, y sentía ya cierto hartazgo por su insistencia. Finalmente es buen pedo y siempre tiene mota, además de que causa en mí una extraña sensación, como si los múltiples colguijes y pulseritas curiosas que utiliza tintinearan al unísono de su ronca voz hablando de  un mundo subterráneo que me intriga. Suele hablar de pordioseros y de igualdad, mientras aspira una bocanada y me invita a escuchar con atención el requinto que está por sonar en la rola que escucha en su desgastado ipod que, según me dijo, le compró al Rober en el tianguis de Santa Cruz.

Me dijo que me esperaría en la panadería Santo Domingo, pero salí del metro y no estaba. El escándalo retumbó en mis oídos con el súbale súbale característico de ciertos personajes pintorescos cuya supervivencia está atada a la potencia infinita de sus cuerdas vocales. Había desayunado un queso maki muy temprano, y a esta hora ya tenía algo de hambre, pero no veía ningún subway cercano, así que le propondría a mi amiga buscar algo de comer antes de partir hacia las aventuras nocturnas que me aguardaban, cual fauces halitosas de una bestia hambrienta que me engulliría hacia sus entrañas. Esperaba partir rumbo a algún insalubre tuburio cual viajero europeo que se adentra en un país exótico para divertirse mirando las excentricidades y el folclor de quienes, lo sabe, lo miran como un ser extraño y fascinante que luce siempre parsimonioso ante lo que, en el fondo de sus entrañas, le asusta.

Por qué tarda tanto, pensaba mientras miraba la inmensa fila de gentes en espera de subirse al micro. Sus miradas perdidas me causaban cierto temor, como si observara al cazador que en cualquier momento puede darse la vuelta y atacar a una presa desprevenida. Decidí que sería mejor no sacar mi cel, o sea que seguiría esperando sin llamarle a mi amiga. Estaba tratando de recordar si le había dejado la función vibrar, porque no quería que sonara en este lugar. No quería sacarlo aquí. Por favor ya llega…

Mientras la esperaba recordé cómo la había conocido. Fui con mis amigos al celtics y ella fue nuestra mesera. El wey que traía el carro se puso hasta su madre con unos ajos, y los otros dos weyes que venían conmigo y mis amigas Lily y Paty estaban tan ebrios, que terminaron comprando tragos en la barra para dos viejas que, además, les sacaron la cartera y las llaves. Mis amigas y yo, que ya andábamos en el flirteo con unos tipos cuyos rostros ya no recuerdo, nos dimos cuenta de que los papás de Lily ya le habían llamado a su cel como 15 veces. Ella estaba bailando una rola de Black Eyed Peas mientras tiraba el trago que tenía en la mano. Fue entonces que la mesera –ahora mi amiga- nos traía la cuenta porque ya estaban por cerrar la barra. Le dijimos que queríamos seguir bebiendo y ella nos contestó que con este pedo de la nueva ley, tenían que cerrar en ese instante. Yo quería seguirle, pero mis amigos ya estaban hasta su madre y fue entonces que ella me invitó a seguirla, si quería, en la casa de un mesero. Dije que sí. Fue el primer acto liberador que me llevaría por caminos sinuosos hacia la sensación de que todo es humedad y escurre grasa y mugre del ambiente. Esa noche me acosté con un mesero, y ese fue el segundo acto de liberación. Su saliva era de cerveza y tequila barato….

Por fin llegó y me dijo que me llevaría a una pulquería que está en la punta de un cerro. Veríamos allá a sus amigos. El exotismo no podría haber sido menor, porque finalmente el encanto de este viaje es dar un salto hacia la otra lógica, cuya puerta de entrada carece de cadenas y da el poder de ver el contraste entre la oscuridad aderezada con luces artificiales, y la simple oscuridad sin acentos.

 

Importantes notas:

1.-Este texto está inspirado en la basofia que publican en la revista Picnic.

2.-Este texto le debe mucho a Nancy, quien suele contarme la vida nocturne condechi.

3.- Gracias a Lila sé que se dice “tuburio” y no “tugurio.”

4.- Es más importante el contenido que la forma. Estoy convencida de ello.

sábado, 10 de octubre de 2009

De vegetarianismo y excentricidades justificadas.

He soñado ya varias veces que estoy sentada a punto de comer y me traen un bistec. Entonces el sueño se torna pesadilla, porque me dicen que eso es todo lo que hay. No puedo pedir una ensaladita, ni unos nopalitos ni nada más. Sólo hay carneeee!!! Es pesadilla, porque por más que quiero, no puedo decir que no. Comienzo a masticar el pedazo de carne y siento como si estuviera en pleno proceso de tortura. Siento mucho asco, y termino escupiendo.

Llevo ya un tiempo sin consumir nada de carne. Comencé desde que tenía como 17 años, dejando primero la carne roja. Comía pollo de vez en cuando, y a veces pescado, pero desde hace aproximadamente un año (o será más?) decidí que no podía seguir en ese término medio: si quería optar por el vegetarianismo debía decidirme de una vez. Así lo hice, y me sentí muy bien al saber que puedo tomar el control de un aspecto como la alimentación siguiendo mis convicciones. No es una especie de prueba de resistencia o algo así, sino simplemente la puesta en marcha de una opción bien razonada que tomó tiempo en gestarse.

Ahora, teniendo mayor autoridad moral para pensar en el asunto del vegetarianismo, me han venido constantemente ideas a la mente acerca de la posiblidad que tienen los seres humanos para decidir asuntos tan fundamentales como el régimen alimenticio, que parece pertenecer más bien a los instintos. Si se puede tomar la decisión de vivir acorde a las ideas y dejando de lado las dificultades de pueden resultar de esa decisión, entonces uno parece saltar más allá de la inmediatez del entorno, y se convierte en un ser consciente de sus acciones.

Bueno, pues es por ello que comienzo a entender porqué algunas religiones, primordialmente las orientales, consideran el ascetismo (dejar de lado los placeres corporales, entre ellos el de la alimentación) para acceder a un autoconocimiento. Yo soy totalmente antiespiritual, pero he pensado ultimamente que eso que llaman “paz interior” “sabiduría interna” (y demás ambigüedades y juegos de palabras abstractos e incomprensibles para una persona sin alma, como yo) tienen que ver con el hecho de lograr prescindir de los estímulos que dan los sentidos para ver un poco más “hacia adentro” o yo diría, para empezar a oír la vocecilla que habla de vez en cuando dentro del cerebro y que suele decir cosas interesantes siempre que se le ponga suficiente atención.

En un mundo tan lleno de estímulos, inundado por todos lados de la promoción de los placeres (simplemente porque estos significan consumo), la posibilidad de pensar, simplemente de PENSAR, se vuelve la opción menos divertida, y también menos rentable. El vegetarianismo va en contra de la maquinaria que mueve al consumo irracional, porque significa una opción en la que se opta por la salud y lo más importante, por la consciencia, que entra en marcha al rechazar la muerte como un trámite para continuar la vida.

Pensar todas estas cosas me ha llevado a radicalizarme un poco, y aunque sé que a veces todas estas cosas suenan medio descabelladas, he pensado también que el consumo de carne fomenta el desprecio por la vida y la idea de que la especie humana es superior a otros seres,  llámense animales o sistemas naturales, y puede controlarlos según sus intereses. También se me ha ocurrido que comer carne hace brotar los instintos de caza, y con ello, la actitud violenta. No sé con certeza científica si estas cosas que se me ocurren son coherentes, pero al menos tampoco estoy científicamente convencida de lo contrario.

Observe la correlación entre la religión y la dietética. Los cristianos comen carne, beben alcohol, fuman tabaco; y el cristianismo exalta la personalidad, insiste en el valor de la plegaria pedigüeña, enseña que Dios siente cólera y aprueba la persecución de los herejes. Lo mismo pasa con los judíos, musulmanes. Kosher y el colérico Jehová. Vaca y ternero… y supervivencia personal entre los huríes, Alá vengativo y guerras sagradas. Ahora, observe a los budistas: legumbres y agua. ¿Y cuál es su filosofía? No exaltan la personalidad, no tratan de trascenderla, no imginan que Dios pueda estar colérico; cuando no son ilustrados creen que es compasivo y cuando lo son creen que no existe, a no ser como el impersonal espíritu universal. Por ende, no ofrecen plegarias de pedigëños, meditan… o en otras palabras, tratan de anegar sus espíritus en el espíritu universal. Por último, no creen en la providencia especial de cada individuo; creen en el orden moral donde la carta le es impuesta a uno por el conjurado pero solo porque las anteriores acciones de uno le impusieron al conjurado imponérsela a uno. Estamos aquí separados por varios mundos de Jehová y Dios Padre y de las almas individuales eternas. Resultado, claro está, de que pensamos según comemos.

Con los esclavos en la noria.

Aldous Huxley

viernes, 5 de junio de 2009

Remember Mayo


Mis últimos días de estudiante con credencial, tira de materias y un sandwich en la mochila están por acabar, aunque realmente podría decir que llevo ya un semestre fuera de la escuela, dado que sólo tomé cuatro barco-materias (excepto "Historia y política") a las que falté constantemente. No presento ningún signo de nostalgia o algo por el estilo, y más bien por el contrario, sentía gran pesar cada mañana que debía aparecerme en la "fac," y ya no me quedan muchas ganas de ir. Recuerdo ahora cómo mi primer día de clases sentí gran emoción al llegar bien temprano a mi clase de "Introducción a la historia," pero dado que en aquél tiempo no sabía ni qué era historiografía la verdadera felicidad fue acercarme a la imponente Biblioteca Central. Pensaba que ahora sí debía tomarme las cosas en serio porque ya era tiempo de dejar atrás el desmadre adolescente preparatoriano, y aunque no sabía bien qué diablos hacía ahí (sólo sabía que quería "saber muchas cosas"), sí estaba segura de que debía "echarle ganas."
Ahora que estoy por salir de la "fac" (lo que no implica que ya no vaya de vez en cuando a ese lugar), la situación se pone tensa-densa: hace unos meses hubo un conflicto fuerte durante la estupidísima "quema de burro", algunos compañeros murieron en un campamento de las FARC, se habla seriamente de la necesidad de sacar a los ocupantes del auditorio Che Guevara-Justo Sierra y la última ("extra extra") es que acaban de balear a un tipo en el estacionamiento y apenas ayer se llevó a cabo un operativo para sacar a los vendedores que se aglutinan diariamente en la entrada. Mmmm...
Pese a las opiniones que salen a la luz cada que se sucita un conflicto en mi escuelita, de esas en las que se cuestiona la utilidad de la filosofía, las letras la historia, etc. porque no responden a la dinámica económica, y dicen que quienes ahí esudiamos somos sólo una bola de ociososmugrososmarihuanos, yo me siento profundamente agradecida con la institución y hasta siento rugir en mi corazón azul y oro al Puma que llevo dentro jaja! No ya en serio, es realmente deplorable que se digan tales cosas, que exista un desdén hacia el humanismo por alejarse de la lógica del mercado. En realidad es algo tan relevante, que trasciende esos intereses.
Como sea, este mes tuve una excelente oportunidad laboral. La perdí casi tan rápido como llegó, pero estuvo bien, porque inicié este mes de Junio con una mejor oferta. Soy una asalariada yepa yepa yepa! (Silverio dixit). Ahora sólo me queda seguir escribiendo la tal tesis que espero terminar antes que acabe el año.
Así como dijo Sartre que somos arrojados al mundo en el momento que nacemos, al salir de la universidad me siento como una indefensa jovencita cuya amniótica seguridad formativa se acaba para dar lugar al agresivo mundo real. Aunque parece que empecé con el pie derecho.

jueves, 14 de mayo de 2009

Un sueñito

Cuando era niña, como a los 7 años pedí en mi cartita de reyes magos una bici ROSA. Yo creí que era muy clara la petición, pero al parecer los reyes fueron de compras muy tarde y ya no la encontraron, o quizá eso del color no les pareció importante. Al bajar esa noche y ver mi bici verde, debo aceptar que sentí cierta desilusión.
Ahora que ya estoy grandecita el color rosa se me hace lo más ñoño que hay, y jamás me vestiría de rosa. Me sentiría como cuando Homero va al trabajo con camisa rosa, y sabe que todos lo miraban por "insane". Pues igual yo, rechazo ese colorcito por ser el que se pretende asignar a "lo femenino", cuando la verdad es que es un color chillante y bastante "cursi". Sin embargo las ganas de tener una bici rosa al parecer no se me han quitado, porque ayer tuve un sueño en el que yo era niña y salía a jugar con mis amiguitos. Fue un sueño muy cagado, porque era una niña pero con mi tamaño de 23 años, y tenía una bici rosa nueva, que me quedaba chiquitita.
Yo me la paso recordando mi niñez, y me encanta hablar de anécdotas que siempre comienzan con la frase "cuando yo era niña...", y entonces me suelto, y empiezo a hablar de que jugaba a las muñecas, y me acuerdo de mis Nenucos y de mi muñeca "cherry corazón". Seguramente parezco una loca, pero yo digo que hay una parte dentro de mi que no ha crecido, y disfruta viendo caricaturas y haciendo jueguitos estúpidos. Creo que lo que me pasó fue que nunca me empeñé en hacerme "la grande" o renegar de las cosas de niños, y hacía cosas como jugar a las muñecas cuando iba en primero de secundaria. Yo creo que por eso las niñas de mi escuela no me querían, porque mientras ellas estaban ya ansiosas por pintarse las uñas, tener noviecito y fumar, yo estaba más bien pensando en los power rangers.
Como que nunca tuve prisa alguna por crecer. Incluso hace poco andaba por la Facultad de Economía y me metí al baño de la Biblioteca, y al salir a lavarme las manos, me vi en el espejo, y me sorprendí mucho al ver mi rostro de "grande", como si no me hubiera visto en el espejo durante diez años y me sintiera como que no era yo. Eso acaba de pasar hace sólo unos meses, pero como sigo sin intención alguna de entrar en el modelito de lo que corresponde a mi edad, porque eso es aún más bobo, pienso seguir tan "infantil" como de costumbre y botarme de la risa viendo Bob Esponja.

Bueno, pero volviendo al sueño de anoche, sólo diré que la última escena fue la de un abrazo fraternal, como final de película cursi o de telenovela mexicana. Cuando desperté me di cuenta de que me estaba abrazando a mi misma. Eso es quererse chinga!

miércoles, 29 de abril de 2009

Pig is love!!!

Oh no!!!
Me arrepiento tanto (mea culpa, mea culpa). En la entrada de ayer les deseaba el mal a los cerditos, y luego de reflexionar un poco y pensar en Babe, solo puedo reiterar mi estricto vegetarianismo. Los cerditos, tan lindos.
Luego me entero de que están por matar a treinta mil cerdos en Egipto por temor a la influenza porcina. Horror!!!
No, me duele mi conciencia.
Jamás me comería un jamón serrano, lo juro!!!

martes, 24 de marzo de 2009

Feministas Autónomas en el XI Encuentro Feminista


No resultó una sorpresa que las autodenominadas "feministas autónomas" se presentaran en el Encuentro, expresando sus críticas hacia el rumbo que ha ido tomando el feminismo latinoamericano y caribeño. Se hicieron presentes desde la inauguración, tomando la tribuna y presentando una severa crítica hacia el presupuesto del Encuentro, tanto por el origen de éste, como por su utilización: "El mal uso del mayor presupuesto de la historia de los encuentros, es un insulto ante la pobreza de las mujeres de la región, una expresión de ello son los salarios exorbitantes para la organización de dicho evento sacrificando las becas para la participación de un mayor número de compañeras."


A lo largo de los cinco días que duró el Encuentro, las diferencias ideológicas entre los diferentes feminismos aparecieron como una constante, aunque probablemente la postura que llamó más la atención fue la de las autónomas. Con un ácido discurso, lleno de complejidades teóricas que se caracterizaron por un criticismo en ocasiones recalcitrante, las compañeras recibieron un gran apoyo por parte de muchas feministas, que reconocían en su postura la posibilidad de reposicionar al feminismo como un discurso transformador y radical, tal y como era antes de que el feminismo y la "visión de género" se colocara en las agendas de la política institucional.

Sin embargo, también sufrieron fuertes críticas, que se hacían oír por todos lados dentro del encuentro: desde el espacio del "coffee break" hasta la rueda de prensa de las "trans" (lo pongo entre comillas porque ellas mismas niegan esa denominación, ya que no se sienten como hombres que se han convertido en mujeres -que han TRANSgredido su sexo- , sino sólo como mujeres) del día jueves, en la que las compañeras denunciaron la discriminación que sufrieron por parte de las autónomas. Sin duda se trató de un acto con un contenido político claro, porque en la rueda de prensa no se permitió la entrada a las autónomas, aunque ahí se estaba dirigiendo un claro ataque hacia ellas.

La supuesta discriminación se había dado en la inauguración, cuando las autónomas salieron gritando "ahora el patriarcado se viste de mujer". Las "trans" se sintieron aludidas, lo que sólo pone de manifiesto cómo dentro del feminismo hay un grave problema, porque las diferentes posturas se mueven en campos semánticos distintos. Las autónomas, con un fuerte bagaje teórico feminista, hablan de que aceptar a las "trans" implica reforzar la idea de que existen dos géneros, y que se puede transitar de uno a otro sin cuestionar al género mismo. El feminismo cuestiona los roles de la sociedad -es decir, los géneros-, que históricamente han colocado a la mujer en una situación de subordinación, por eso aceptar la idea de la "transexualidad", no es una postura feminista (por el momento, ya que reconocieron que lo que hace falta es una mayor discusión al respecto). Eso no es discriminación, porque el feminismo rechaza todo tipo de discriminación, autoritarismo o injusticia, pero si es identificar al feminismo como una postura política propia de las mujeres, que son un un sector de la población que nace en situación de desventaja, en una sociedad con una relación de poder desigual entre los sexos.

La actitud crítica de las compañeras autónomas frente al Encuentro, realizado explícitamente por miembras y miembros de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, provocó escozor entre muchas feministas; finalmente el trabajo que llevan años realizando tambaleaba ante los sesudos discursos de las compañeras autónomas.

martes, 17 de febrero de 2009

Resplandor teotihuacano

Siempre he creído que el culto a los objetos, llámense santos o bolsas de diseñador, tiene que ver con la facilidad con que nuestro cerebro asimila lo que puede explorar con los sentidos. Me explico: el culto a un santo de cerámica, al que se le puede pedir algo con acariciarlo, besarlo o ponerlo de cabeza, no lleva tras de sí un conocimiento teológico complejo, sino que se reduce a algo que se puede ver, tocar, oler, etc. Entonces no está presente aquí un pensamiento abstracto, como el que implicaría tener hacia eso que llaman Dios como ese ente omnipotente y omnipresente, y más bien se le rinde culto a un "ídolo" (como dirían los evangelizadores españoles del siglo XVI).
En el caso de la bolsa de diseñador ocurre algo similar. Existe algo abstracto que se llama "status" e incluso "moda". No se puede definir fácilmente lo que eso significa, porque se trata de muchas cosas a la vez que cambian constantemente, englobadas en eso que supuestamente es lo "mejor", que te hace sentir en cierta forma "superior" que los que no comparten tu "nivel de vida". La bolsa de diseñador funciona como una síntesis de esa cosa abstracta que "todos quieren". Te hace ver bien ante los demás, porque precisamente es algo que se exterioriza, que se ve y se toca, y no hay quien pueda decir que tu "status" no está ahí, frente a sus ojos.
Las cosas tangibles, entonces, llevan a la exteriorización de cosas abstractas y hasta simbólicas que están contenidas en esos objetos.
No sé si todos los objetos que manejamos en nuestras vidas tienen un contenido simbólico, pero creo que si escarbamos un poco y tratamos de ir más allá de lo que nos dicen los sentidos, podemos vislumbrar algo más...
Todo esto lo escribo porque estaba viendo unos videos sobre las excavaciones en Teotihuacan para poner luces y sonido. En ninguna medida soy prehispanista o indigenista, pero sí creo que los restos materiales que conservamos, constituyen una forma tangible de pensar en nuestro pasado, un vestigio innegable de que hubo otros hombres y mujeres antes de nosotros, y que es por lo que hiceron o dejaron de hacer que estamos donde estamos.
El daño que se está haciendo a esas piedras, significa un ataque a los objetos que pueden hacer brotar en nosotros un dejo pequeñito de conciencia sobre el paso del tiempo, y las afectaciones no son sólo a la materia, sino a la memoria histórica. Lo que está detrás del desinterés por cuidar el patrimonio, es el desdén hacia todo aquéllo que haga pensar, aunque sea un poco a las personas. Cada hoyo en esas piedras simboliza un ataque a la cultura.
Como ciudadana, muestro mi indignación por este medio hacia el "resplandor teotihuacano"